martes, 2 de enero de 2007

"Pequeños focos" - Editorial Miguel - 9/11/2006

"PEQUEÑOS FOCOS"
América Latina es distinta a la mayor parte del mundo. El 44% de sus habitantes es pobre. Uno de cada dos. El índice de desempleo aumenta o se mantiene... Sólo disminuye ocasionalmente, cuando aparecen fuentes de trabajo zafrales y mal remuneradas. 83 millones de chicos viven bajo extrema pobreza y un 30% de ellos está desamparado, durmiendo en las calles y sin familia. Un continente rico, con pueblos dignos de tener mejor condición de vida, debe someterse a la injusticia que ocasiona la pobreza: educación insuficiente, desempleo, baja calidad de vida, y como consecuencia, destrucción de la familia.

A partir del poder imperialista norteamericano, están los ambiciosos y corruptos gobernantes que son sin duda los responsables de estas tristes cosas. La corrupción está en la mayor parte de los Gobiernos latinoamericanos donde reina la impunidad. Generalmente, han contado con poblaciones que están desinformadas y por tanto ignoran la verdad de los hechos; y de sectores sumamente ignorantes que desconocen que la corrupción es uno de los principales factores de las actuales crisis económicas y sociales que ellos mismos padecen.

Así y todo —usando la terminología del más hipócrita de los corruptos uruguayos, aunque aplicándola en sentido inverso— hay por ahí "pequeños focos" de moralidad. Por citar un ejemplo; el 6 de junio de 2006 —666, día trágico para creyentes en general— fue fatídico para el ex presidente paraguayo González Maquis, uno de los tantos corruptos que ya forman una larga lista de anticristos. Fue condenado a 6 años de penitenciaría por "desviar" 16 millones de dólares. Plata de su país, de su gente. Al ex director del Banco interviniente le dieron 10 años, por ser "el cerebro" del ilícito. El entorno familiar de Maquis —todos cómplices— están esperando sentencia. Vivirán un tiempo en el penal de Tucumbú.

La moralidad es poca, y aunque muchos breguen por ella, los logros por alcanzarla son raras excepciones. Así son las cosas para los habitantes de nuestra "patria grande" y eso nos diferencia del resto del globo. Pero entre todos los latinoamericanos —y no es justamente un honor— los que nos llevamos las palmas somos nosotros, los uruguayos.

Aquí, en Uruguay, se robaron varios Bancos y únicamente detuvieron a los hermanos Peirano, aunque todos sabemos que solos no lo pudieron hacer. Los cómplices pueden ser ex presidentes y ex directores del Banco Central, entre otros. Hay cosas que para algunos jerarcas es imposible ignorar.

Pero nuestra Justicia no actuó como lo hizo la paraguaya. Con unos pocos chivos expiatorios alcanzó y sobró. Y esa patriada jurídica tuvo, tiene y tendrá su costo. Ahora hay que hacerle frente a las demandas de un Peirano, el hermanito prófugo. Desde Miami, amparado por la "justicia" norteamericana —ésa que tiene el Master en la defensa de quien sea, siempre que ese alguien tenga con qué pagar— está mandando a sus defensores a bombardear a la Prensa uruguaya por meter las narices en su privado juicio... Y quién sabe si no termina hasta salvándose de la extradición.

También en los casos de las violaciones de derechos humanos, es la justicia de otros países, como Chile y posiblemente Argentina, la que se toma en serio reivindicar a los torturados, asesinados y desaparecidos.

Nosotros en cambio, empezamos bien una investigación... y la truncamos a medio terminar. No hay más excavaciones, "hasta aquí llegamos", "no hay más datos creíbles", "cumplida esta etapa, ahora comienza la reconciliación". ¿Cómo que no hay más datos creíbles? Miles son las denuncias coincidentes de los sobrevivientes, y de los familiares de los muertos. Miles y verdaderas. ¿Por qué no se les da crédito?

La que sí se dio por válida fue la mentira reiterada de un ejército que sigue bailando al compás de los gerontes retirados —militares y civiles— responsables de torturas, muertes y desapariciones. Mentira, que no hay más datos. Sólo hicieron desaparecer las pruebas de los enterramientos y de la "operación zanahoria", de la misma forma que hicieron desaparecer a sus víctimas. Lo poco que dijeron, fue para tapar el ojo y quedar bien... ¿con quién...? Mejor dejo esa pregunta sin contestar, porque la respuesta me repugna.

Por suerte, desde el exterior presionan, y cada vez más. Eso hace pensar que tal vez algún día, pase algo parecido con los casos de corrupción económica, y se solicite que algunas de nuestras "personalidades" sean extraditados al exterior a pagar deudas que acá nadie les cobra.

Sé que habemos muchos que no olvidamos que el Gobierno Progresista en su campaña electoral prometió erradicar la corrupción. Y acá también hay "pequeños focos" de intento. Se han efectuado innumerables auditorías, que revelaron irregularidades alarmantes, ilícitos y fraudes. Esas exhaustivas investigaciones sirvieron para confirmar oficialmente lo que todo residente en el paisito ya sabía... Nada más. Hasta allí se habló. Ni una palabra de medidas a tomar al respecto, como juicios, condenas... y mucho menos desenmascarar responsables.

Tal vez no estaríamos decepcionados, si en aquellos discursos esperanzadores se hubieran utilizado las palabras correctas. Cuando se dijo "llegaremos hasta las últimas consecuencias", o "haremos lo humanamente posible"... se debió decir "iremos hasta donde nos den los huevos". Dicho así hubiera sido más sensato, y hoy asumiríamos que muchas cosas... nunca se van a poder hacer.

Pero no se apuren, que desde nuestro pequeño puntito en el mapa, salen genios de la dialéctica a disertar. Unos ante la Prensa local, otros ante lejanos extranjeros que no tienen ni la más pálida idea de lo que fue nuestra historia, y mucho menos del historial del que se las está tergiversando.

Por acá y ante nuestra TV —sobándose el pelo como de costumbre— el ex líder del Partido cuyos seguidores "nos prestaron el voto" (vaya a saber por qué lo hicieron, ¿no?), se mandó una gran verdad... aunque a medias. Dijo que las Cumbres Iberoamericanas sirven de algo cuando no ocurre lo de Viña del Mar, hace diez años, cuando Fidel Castro prometió algo que no cumplió.

No dijo —por supuesto— que a él y a todo integrante de los Partidos tradicionales, les revienta cómo conduce su país el Comandante, por más acertado que sea lo que haga. Ni dijo tampoco, por qué viene a criticar ahora —diez años después, con siete años de gobierno de derecha en el medio— la payasada de esta Cumbre actual o cualquier otra, donde sí, definitivamente, la mayoría de los mandamás se juntan para chupar, comer, y hablar pavadas que ni a ellos mismos les importan.

Por allá lejos, otros espectadores escuchan absortos las conferencias del genovés de los "pequeños focos", y se sorprenden al saber que en nuestro territorio no hay un solo descendiente indígena puro. Cierto, pero no les explica —¡faltaba más!— que no hay porque sus antecesores partidarios los asesinaron cobardemente en Salsipuedes.

Y cuando un corresponsal le recordó aquel genocidio (periodista que salió ileso porque estaba en otro país), "se sacó el lazo con la pezuña", con la desfachatez que lo caracteriza, y aseguró que aprobaba el exterminio porque nuestros indios eran asesinos y violadores.

Me hubiera gustado que explicara —ubicándonos en las reglas de la época— la diferencia entre "asesinato" y "ajuste de cuentas". Y me habría gustado mucho más, que dijera qué mujeres eran las violadas... Porque las que había eran solamente indias o españolas... Las primeras, obviamente, no fueron. Y las últimas estaban a buen recaudo en las lujosas residencias de sus honorables y pudientes esposos.

Es paradójico, ¿no? El hombre le dice al mundo que no tenemos descendientes de indígenas puros, conociendo la cantidad de mestizos, que son reconocida y comprobada parte de nuestra población... ¿Quién violó a quién? La respuesta está clarita.

Es inútil, en Uruguay todo es distinto. Tenemos "pequeños focos" de un montón de cosas, sobre todo de sentido común, conciencia colectiva... y falta de memoria. Así es como nos "destacamos" de los demás pueblos de nuestro continente.
MIGUEL

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