¿TE JUBILASTE?, ¡SONASTE!
Ese parece ser el lema de los gobiernos de nuestro país desde que tengo uso de razón. Con algunas excepciones que no incluyen en el "sonaste" a los grupos privilegiados que —habiendo trabajado mal, poco y hasta nada— de alguna forma consiguieron una abultada pasividad "incuestionable" y hoy se ríen de nosotros.
Y son justamente esos privilegiados los que deciden que "el tortón" es para ellos y las migajas —si quedan— para los que pagamos aportes 13 meses cada año (sí, del aguinaldo también se nos descontó "montepío") durante toda nuestra vida laboral.
Cuando estuvimos —por primera vez en la vida— en la lista de prioridades de los tantos sumergidos que había que dignificar, pareció que había llegado el día de las reivindicaciones sociales. Que se nos tenía en cuenta porque éramos muchos, y largamente olvidados. ¿Pero muchos qué? ¡Muchos votos, fuimos...!
Ahora, los prioritarios tenemos que esperar. Y no sólo nosotros, un montón de activos también. Pero ellos pueden ejercer el derecho a la huelga, y así, mal que mal, a fuerza de perder jornales tratando de complicar la vida de sus empleadores, sean privados o estatales, de a poco van consiguiendo algo.
El tema es que nosotros no podemos hacer huelga... y la lucha conversada no nos lleva a ningún lado. Tenemos experiencia de vida, cerebro para utilizar, muy poca paciencia para seguir escuchando mentiras sin hacer nada, y lo más grave... no nos queda mucho tiempo.
Por eso pensamos en el recurso de la ocupación. Es enorme la diferencia que existe entre una ocupación de obreros o empleados y la nuestra... El edificio a ocupar era clave, perfecto. Habría sido histórico, no sólo por el hecho en sí, sino por los resultados inmediatos que habríamos obtenido. ¡Qué materia prima, y en manos de quiénes...!
Pero ese riesgo también lo presintió el gobierno... Apareció el dueño de la plata y se puso a disertar, amable, convincente, prometedor... ¡Y la quedamos! Como si fuéramos un montón de pibes ingenuos, nos ofrecieron el obelisco ¡y lo compramos! No fue unánime, por supuesto, pero hubo que acatar a la crédula mayoría.
Acto seguido, y con los "santos viejitos" ya sosegados, el Presidente salió a la Prensa a anunciar "el tortón" que nos iba a repartir el Ministro de Economía.
Y parecía tan convencido de lo que decía, que lo más probable es que haya interpretado mal la palabrita. Porque no era un "tortón" sino un tortazo. Se viene un 3% de aumento... para todos... Para los buenos, los malos, los lindos y los feos, democrática y equitativamente... ¡Joder!
Acá en esta casa, eso significa que vamos a cobrar 210 pesos más cada uno... 7.210 mangos per cápita ¡Una fortuna! Tal vez la reventemos en la Isla Margarita.
Y en otras casas —la gran mayoría, por cierto— ese aumento es de 30 pesitos. Van a cobrar 1.030, con lo que podrán ir a buscar la limosna en ómnibus, por lo menos los días de lluvia.
Pero lo más indignante, es que los privilegiados que mencioné al principio, verán acrecentado su curro en 2.100 pesos algunos, y otros en 3.600. Van a cobrar 72.100 los primeros, y 123.600 los segundos. ¡Paupérrimas sumas para estos pobres señores de corbata y/o uniforme, que si no fuera por ese 3% ya estarían pensando en mudarse de su barrio camba al "40 semanas".
Pero esto es así porque la idea es atender siempre a los más necesitados, ¿vio? Sin embargo, para nosotros los pichis, bruto tortazo en la trompa resultó el tortón.
Esto me da ganas de ir a buscar al jueputa que emparejó el porcentaje, y —como canta Edmundo Rivero que le pasó a la Catalina infiel— "cebarle un par de mates y saboreándome un buen faso, seguirle chamuyando de pavadas. Y luego, besuqueándole la frente, con gran tranquilidad, amablemente, fajarle treinta y cuatro puñaladas..."
ELIZA
Ese parece ser el lema de los gobiernos de nuestro país desde que tengo uso de razón. Con algunas excepciones que no incluyen en el "sonaste" a los grupos privilegiados que —habiendo trabajado mal, poco y hasta nada— de alguna forma consiguieron una abultada pasividad "incuestionable" y hoy se ríen de nosotros.
Y son justamente esos privilegiados los que deciden que "el tortón" es para ellos y las migajas —si quedan— para los que pagamos aportes 13 meses cada año (sí, del aguinaldo también se nos descontó "montepío") durante toda nuestra vida laboral.
Cuando estuvimos —por primera vez en la vida— en la lista de prioridades de los tantos sumergidos que había que dignificar, pareció que había llegado el día de las reivindicaciones sociales. Que se nos tenía en cuenta porque éramos muchos, y largamente olvidados. ¿Pero muchos qué? ¡Muchos votos, fuimos...!
Ahora, los prioritarios tenemos que esperar. Y no sólo nosotros, un montón de activos también. Pero ellos pueden ejercer el derecho a la huelga, y así, mal que mal, a fuerza de perder jornales tratando de complicar la vida de sus empleadores, sean privados o estatales, de a poco van consiguiendo algo.
El tema es que nosotros no podemos hacer huelga... y la lucha conversada no nos lleva a ningún lado. Tenemos experiencia de vida, cerebro para utilizar, muy poca paciencia para seguir escuchando mentiras sin hacer nada, y lo más grave... no nos queda mucho tiempo.
Por eso pensamos en el recurso de la ocupación. Es enorme la diferencia que existe entre una ocupación de obreros o empleados y la nuestra... El edificio a ocupar era clave, perfecto. Habría sido histórico, no sólo por el hecho en sí, sino por los resultados inmediatos que habríamos obtenido. ¡Qué materia prima, y en manos de quiénes...!
Pero ese riesgo también lo presintió el gobierno... Apareció el dueño de la plata y se puso a disertar, amable, convincente, prometedor... ¡Y la quedamos! Como si fuéramos un montón de pibes ingenuos, nos ofrecieron el obelisco ¡y lo compramos! No fue unánime, por supuesto, pero hubo que acatar a la crédula mayoría.
Acto seguido, y con los "santos viejitos" ya sosegados, el Presidente salió a la Prensa a anunciar "el tortón" que nos iba a repartir el Ministro de Economía.
Y parecía tan convencido de lo que decía, que lo más probable es que haya interpretado mal la palabrita. Porque no era un "tortón" sino un tortazo. Se viene un 3% de aumento... para todos... Para los buenos, los malos, los lindos y los feos, democrática y equitativamente... ¡Joder!
Acá en esta casa, eso significa que vamos a cobrar 210 pesos más cada uno... 7.210 mangos per cápita ¡Una fortuna! Tal vez la reventemos en la Isla Margarita.
Y en otras casas —la gran mayoría, por cierto— ese aumento es de 30 pesitos. Van a cobrar 1.030, con lo que podrán ir a buscar la limosna en ómnibus, por lo menos los días de lluvia.
Pero lo más indignante, es que los privilegiados que mencioné al principio, verán acrecentado su curro en 2.100 pesos algunos, y otros en 3.600. Van a cobrar 72.100 los primeros, y 123.600 los segundos. ¡Paupérrimas sumas para estos pobres señores de corbata y/o uniforme, que si no fuera por ese 3% ya estarían pensando en mudarse de su barrio camba al "40 semanas".
Pero esto es así porque la idea es atender siempre a los más necesitados, ¿vio? Sin embargo, para nosotros los pichis, bruto tortazo en la trompa resultó el tortón.
Esto me da ganas de ir a buscar al jueputa que emparejó el porcentaje, y —como canta Edmundo Rivero que le pasó a la Catalina infiel— "cebarle un par de mates y saboreándome un buen faso, seguirle chamuyando de pavadas. Y luego, besuqueándole la frente, con gran tranquilidad, amablemente, fajarle treinta y cuatro puñaladas..."
ELIZA
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